LA ODISEA CAP2 - SENALES DE LOS DIOSES (Audiomachine – Guardians at the Gate)

 


La noche había caído sobre Atenas…
Pero la ciudad no dormía.

Antorchas iluminaban las calles.
El murmullo de filósofos, soldados y comerciantes se mezclaba en un sonido constante, como si la propia historia estuviera respirando.

Rey Potro 07 caminaba por el Ágora, el corazón vivo de la ciudad.

Aquel lugar era diferente a la Acrópolis.
Allí no reinaban los dioses.
Allí reinaban los hombres.



Mercaderes cerraban sus puestos.
Sacerdotes discutían con políticos.
Soldados espartanos observaban en silencio, como lobos entre ovejas.

Rey Potro 07 notaba cómo sus gafas vibraban…
No con fuerza…
Pero sí con insistencia.

Como si algo estuviera despertando.

Se detuvo frente a la Stoa de Átalo.

Las columnas proyectaban sombras largas y perfectas.
Demasiado perfectas.


—El orden siempre intenta imponerse al caos —dijo una voz a su espalda.

Rey Potro 07 giró.

Sócrates.

Descalzo.
Tranquilo.
Observándolo como si llevara horas esperándolo.

—El caos también enseña —respondió Rey Potro 07.

Sócrates sonrió.

Caminaron juntos por el Ágora.

—Dime —continuó Sócrates—. ¿Qué viste en el Partenón?

—Un caballo de madera.

Sócrates no se sorprendió.

—Los dioses no muestran el futuro…
—Muestran advertencias.

Pasaron junto a un altar pequeño dedicado a Atenea.

Las llamas de las velas parpadearon violentamente…
Aunque no había viento.

Rey Potro 07 sintió un peso en el pecho.

—Algo está mal.

—Siempre lo está —respondió Sócrates—. La diferencia es cuándo decidimos actuar.

Un ruido metálico resonó a lo lejos.

Entrenamiento nocturno.

Espartanos.

Rey Potro 07 miró en esa dirección.

Durante un instante…
Vio guerreros luchando.

Pero no era entrenamiento.

Era guerra real.

Sangre.
Fuego.
Gritos.

Parpadeó.

Desapareció.

—No son visiones, ¿verdad? —preguntó Sócrates.

—No…
—Es como si todo estuviera ocurriendo… al mismo tiempo.

Sócrates asintió.

—Entonces el mundo está enfermo.

Llegaron al centro del Ágora.

Allí, un pequeño grupo esperaba.

Pericles.
Aristóteles.
Y un hombre con armadura espartana.


El espartano habló primero.

—Soy Dorieo, emisario de Esparta.

—Nuestros oráculos han hablado.

Rey Potro 07 sintió cómo sus gafas vibraban más fuerte.

—Han hablado de un hombre…
—Que no pertenece a ninguna polis…
—Pero que decidirá el destino de todas.

El silencio se volvió pesado.

Pericles miró a Rey Potro 07.

— ¿Y qué dicen los oráculos ahora?

—Dicen que… Troya arderá otra vez.

El suelo tembló suavemente.

Rey Potro 07 cerró los ojos.

Sal.
Madera.
Fuego.

El mar.

Troya.

—Tengo que ir allí —dijo.

Sócrates lo miró con calma.

—Los héroes no cambian la historia…
—Solo la empujan en la dirección correcta.

Rey Potro 07 miró el cielo.

Las estrellas parecían moverse.

Troya lo esperaba.







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