La noche había caído sobre Atenas…
Pero la ciudad no dormía.
Antorchas iluminaban las calles.
El murmullo de filósofos, soldados y comerciantes se mezclaba en un sonido
constante, como si la propia historia estuviera respirando.
Rey Potro 07 caminaba por el Ágora, el corazón vivo de la ciudad.
Aquel lugar era diferente a la Acrópolis.
Allí no reinaban los dioses.
Allí reinaban los hombres.
Mercaderes
cerraban sus puestos.
Sacerdotes discutían con políticos.
Soldados espartanos observaban en silencio, como lobos entre ovejas.
Rey Potro 07
notaba cómo sus gafas vibraban…
No con fuerza…
Pero sí con insistencia.
Como si algo
estuviera despertando.
Se detuvo
frente a la Stoa de Átalo.
Las columnas
proyectaban sombras largas y perfectas.
Demasiado perfectas.
—El orden siempre intenta imponerse al caos —dijo una voz a su espalda.
Rey Potro 07 giró.
Sócrates.
Descalzo.
Tranquilo.
Observándolo como si llevara horas esperándolo.
—El caos también enseña —respondió Rey Potro 07.
Sócrates sonrió.
Caminaron juntos por el Ágora.
—Dime —continuó Sócrates—. ¿Qué viste en el Partenón?
—Un caballo de madera.
Sócrates no se sorprendió.
—Los dioses no muestran el futuro…
—Muestran advertencias.
Pasaron junto a un altar pequeño dedicado a Atenea.
Las llamas de las velas parpadearon violentamente…
Aunque no había viento.
Rey Potro 07 sintió un peso en el pecho.
—Algo está mal.
—Siempre lo está —respondió Sócrates—. La diferencia es cuándo decidimos
actuar.
Un ruido
metálico resonó a lo lejos.
Entrenamiento
nocturno.
Espartanos.
Rey Potro 07
miró en esa dirección.
Durante un
instante…
Vio guerreros luchando.
Pero no era
entrenamiento.
Era guerra
real.
Sangre.
Fuego.
Gritos.
Parpadeó.
Desapareció.
—No son
visiones, ¿verdad? —preguntó Sócrates.
—No…
—Es como si todo estuviera ocurriendo… al mismo tiempo.
Sócrates
asintió.
—Entonces el
mundo está enfermo.
Llegaron al
centro del Ágora.
Allí, un
pequeño grupo esperaba.
Pericles.
Aristóteles.
Y un hombre con armadura espartana.
El espartano
habló primero.
—Soy Dorieo,
emisario de Esparta.
—Nuestros
oráculos han hablado.
Rey Potro 07
sintió cómo sus gafas vibraban más fuerte.
—Han hablado
de un hombre…
—Que no pertenece a ninguna polis…
—Pero que decidirá el destino de todas.
El silencio
se volvió pesado.
Pericles
miró a Rey Potro 07.
— ¿Y qué
dicen los oráculos ahora?
—Dicen que…
Troya arderá otra vez.
El suelo
tembló suavemente.
Rey Potro 07
cerró los ojos.
Sal.
Madera.
Fuego.
El mar.
Troya.
—Tengo que
ir allí —dijo.
Sócrates lo
miró con calma.
—Los héroes
no cambian la historia…
—Solo la empujan en la dirección correcta.
Rey Potro 07
miró el cielo.
Las
estrellas parecían moverse.
Troya lo
esperaba.



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