El viaje
hacia el este no fue un viaje.
Fue una
transición.
Como si
Grecia se doblara sobre sí misma…
Y los lugares existieran unos encima de otros.
Cuando Rey
Potro 07 abrió los ojos, el aire ya no olía a mármol ni a olivo.
Olía a polvo
seco.
A hierro.
A sal del mar cercano.
Y delante de
él…
Se alzaban
las murallas.
Altas.
Imponentes.
Imposibles de ignorar.
No eran solo
defensa.
Eran orgullo
convertido en piedra.
Rey Potro 07
caminó despacio por un camino elevado desde donde podía observar la ciudad sin
ser visto. Sus gafas vibraban suavemente, como si reconocieran aquel lugar.
No peligro.
Destino.
Abajo, la
ciudad estaba viva.
Herreros
trabajando sin descanso.
Soldados patrullando.
Mujeres y niños moviéndose rápido, como si sintieran que el tiempo corría más
deprisa allí.
Rey Potro 07
respiró hondo.
—Así empieza
siempre… —murmuró.
No con
guerra.
Con
preparación.
Caminó
bordeando una zona rocosa desde donde se veía una de las puertas principales.
Caravanas
entraban.
Mensajeros salían.
Todo parecía
normal.
Demasiado
normal.
Un capitán
troyano gritaba órdenes:
—¡Refuercen
la puerta oeste!
—¡Revisen las torres cada dos horas!
Rey Potro 07
observó en silencio.
No podía
intervenir directamente.
No debía.
Pero sí
podía… empujar la historia en la dirección correcta.
Un carro
cargado de escudos estaba mal asegurado.
Rey Potro 07
caminó cerca…
Y “accidentalmente” movió una cuña de madera que impedía que el carro se
desplazara.
El carro
rodó unos centímetros.
El capitán
lo vio.
—¡Idiotas!
¡Eso no puede quedar así en caso de ataque!
Soldados
corrieron a reforzarlo.
Rey Potro 07
siguió caminando.
Discreto.
Invisible.
Eficiente.
Más tarde,
subió a una pequeña colina cercana desde donde podía ver el puerto.
Barcos de
guerra llegaban.
Demasiados.
Demasiado
pronto.
Sus gafas
vibraron con más intensidad.
No era
advertencia.
Era
confirmación.
Las
historias que había escuchado…
Se estaban alineando.
Cerca del
atardecer, escuchó conversación entre dos estrategas troyanos.
—Los griegos
no atacarán pronto —decía uno.
—Necesitarán alianzas primero.
Rey Potro 07
dejó caer una pequeña piedra desde la colina.
Rodó.
Golpeó un
escudo.
Los
estrategas levantaron la vista.
—Tal vez
deberíamos reforzar la vigilancia marítima también…
Rey Potro 07
sonrió levemente.
Pequeños
empujones.
Nada más.
El sol
empezó a caer.
Las murallas
se tiñeron de rojo.
Como si ya
supieran lo que vendría.
Rey Potro 07
apoyó la mano sobre la piedra antigua.
Sintió
historia.
Orgullo.
Destino.
—Haré lo que
pueda… sin romper lo que debe pasar.
El viento
sopló desde el mar.
Trajo olor a
tormenta.
Y en el
fondo de su mente…
No una
visión.
Voces.
Guerreros.
Reyes.
Supervivientes.
Todos
diciendo lo mismo:
Troya
resistirá.
Pero no para siempre.
Rey Potro 07
se giró.
La noche
caía.
Y con ella…
La siguiente
fase de la historia.



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