El aire
alrededor de Olimpia había cambiado.
Donde antes
había celebración, ahora había discusiones.
Donde antes había unión, ahora había desconfianza.
Los atletas
de Esparta celebraban su victoria.
Los ciudadanos
de Atenas murmuraban entre ellos.
Rey Potro 07
caminaba entre ambos grupos intentando calmar la situación.
Sabía que
aquello podía terminar en guerra.
Y Grecia no
sobreviviría a otra guerra.
Rey Potro
reunió a representantes de ambas polis en el estadio.
—Los juegos
existen para unirnos —dijo— no para separarnos.
Un espartano
respondió:
—Ganamos con
honor.
Un ateniense
contestó con rabia:
—Ganasteis
porque os entrenó un guerrero extranjero.
El ambiente
se tensó.
Rey Potro
levantó la mano.
—Si lucháis
entre vosotros… Grecia caerá.
Pero ninguno
escuchaba.
El odio
crecía más rápido que las palabras.
Esa noche, Rey Potro caminó solo entre los templos.
Algo no encajaba.
La rivalidad entre Esparta y Atenas era antigua, sí…
pero aquello parecía provocado.
Demasiado rápido.
Demasiado intenso.
Como si alguien estuviera empujando a Grecia hacia la guerra.
Sombras se movían entre las columnas.
Hombres encapuchados hablando en susurros.
—La guerra comenzará pronto…
—El equilibrio caerá…
—El Culto de Kosmos lo ha previsto.
Rey Potro avanzó hacia ellos.
Pero ya habían desaparecido.
Solo quedó una sensación:
Alguien estaba manipulando Grecia.
Al amanecer, mientras caminaba cerca del templo de Zeus, una voz sonó detrás de él:
—También los estás buscando… ¿verdad?
Rey Potro se giró.
Una guerrera estaba apoyada contra una columna.
Armadura ligera.
Espada al costado.
Mirada firme.
Era Kassandra.
Una mistios.
Una mercenaria.
Una cazadora.
—¿Quién eres? —preguntó Rey Potro.
Ella sonrió levemente.
—Alguien que sabe quién provoca esta guerra.
Rey Potro guardó silencio.
Kassandra se acercó.
—No es Esparta.
—No es Atenas.
Señaló el horizonte.
—Es el Culto.
El viento movió las antorchas apagadas del templo.
—El Culto de Kosmos quiere la
guerra.
Rey Potro sintió que todo encajaba.
Las discusiones.
El odio.
Las provocaciones.
Todo había sido planeado.
—¿Por qué me lo dices? —preguntó Rey Potro.
Kassandra respondió sin dudar:
—Porque necesito ayuda.
Silencio.
—Soy una mistios —dijo— y voy a destruir el Culto de Kosmos.
Sus ojos brillaban con determinación.
—Uno por uno.
Rey Potro la observó.
Había visto muchos guerreros…
Pero nunca una voluntad como esa.
—Entonces iremos juntos —respondió.
Kassandra sonrió.
—Sabía que dirías eso.
En lo alto
del templo, el viento soplaba con fuerza.
Grecia se
acercaba a la guerra.
Esparta y
Atenas marchaban hacia el enfrentamiento.
Pero ahora
Rey Potro sabía la verdad:
La guerra no
era el destino.
Era un plan.
Y alguien
debía detenerlo.
Mientras
caminaban hacia el puerto, Kassandra dijo:
—Nuestro
primer objetivo está en Corinto.
Rey Potro
asintió.
Una nueva
aventura comenzaba.
Y esta vez…
No lucharían
por gloria.
Lucharían
por el futuro de Grecia.



Comentarios
Publicar un comentario