LA ODISEA CAP25 - EL JUICIO DE LOS DIOSES (Odyssey (moderm versión) – Assassins Creed Odyssey)

 


La noche cubría las ruinas sagradas de Acrópolis de Atenas.

Rey Potro permanecía solo entre las columnas iluminadas por la luna.

Grecia estaba en paz.

Las guerras habían terminado.

El Culto había desaparecido.

Todo había vuelto a su lugar.

Y sin embargo…

Algo no encajaba.

El viento comenzó a soplar con fuerza.

Las antorchas se apagaron una a una.

El cielo se cubrió de nubes oscuras.

Y entonces…

Una luz descendió desde las alturas.

Los dioses habían llegado.




Un trueno resonó en el cielo.

Una figura apareció entre la luz.

Zeus.

El rey de los dioses.

Su voz sonó como un eco eterno.

—Rey Potro…

—Has protegido Grecia.

Otra figura apareció a su lado.

Atenea.

—Has cambiado el destino de los hombres.

Rey Potro permaneció en silencio.

Zeus continuó:

—Pero este mundo…

—No debería existir así.

Rey Potro levantó la mirada.

— ¿Qué significa eso?

Atenea respondió:

—Alguien alteró el curso del tiempo.

Zeus pronunció entonces un nombre:

Donald Trump.

El viento se detuvo.

Rey Potro sintió un escalofrío.

Recordó algo.

Trump había sido quien lo envió a la misión.

Quien habló de los alienígenas.

Quien sabía demasiado.

Zeus habló de nuevo:

—Busca la verdad.

—Fuera de Grecia.

La luz desapareció.

Los dioses se habían ido.

Pero Rey Potro ya sabía qué hacer.




Al amanecer, Rey Potro regresó a la colina donde tantas veces se había reunido con sus aliados.

Uno por uno fueron llegando.

Primero Kassandra.

Después Odiseo.

Después Pericles.

Todos sabían que algo ocurría.

Rey Potro habló con calma.

—Debo marcharme.

Ulises asintió lentamente.

—Los héroes nunca se quedan quietos.

Pericles dijo:

—Grecia siempre será tu hogar.

Kassandra permanecía en silencio.

Mirándolo.

Sin apartar la vista.

Rey Potro se despidió de todos.

Uno por uno.

Como hermanos de batalla.

Cuando todos se marcharon…

Solo quedó Kassandra.

El viento movía suavemente su cabello.

Se acercó lentamente.

—Sabía que te irías.

Rey Potro respondió:

—Siempre lo supiste todo.

Kassandra sonrió.

—No todo.

Entonces sacó un objeto envuelto en tela.

Se lo entregó.

Rey Potro lo abrió lentamente.

Era la reliquia que el Culto había buscado durante años.

La lanza rota de Leónidas I.

Una pieza antigua.

Sagrada.

Llena de historia.

Llena de poder.

—Esta lanza perteneció a Leónidas —dijo Kassandra.

—El Culto la buscaba porque contiene un poder antiguo.

Rey Potro la sostuvo.

Sintió una energía recorrer su brazo.

Como si todas las batallas de Grecia vivieran dentro de ella.

Kassandra habló suavemente:

—Ahora te pertenece.

Y entonces…

Sin avisar…

Lo besó.

Un beso cortó.

Sincero.

Eterno.

Después dio un paso atrás.

—Por si no vuelves.

Rey Potro sonrió levemente.

—Volveré.

El barco partió al amanecer.

Grecia quedaba atrás.

Templos.

Montañas.

Ciudades.

Amigos.

Batallas.

Todo desaparecía lentamente en el horizonte.

Rey Potro observaba en silencio.

Con la lanza de Leónidas a su lado.

Sabía dónde debía ir.

Sabía a quién debía ver.

El siguiente destino estaba claro.

Casa Blanca.

Porque si alguien estaba detrás de todo…

Era Donald Trump.

Y Rey Potro 07…

Iba a hacerle una visita.



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