La noche
cubría las ruinas sagradas de Acrópolis de Atenas.
Rey Potro
permanecía solo entre las columnas iluminadas por la luna.
Grecia
estaba en paz.
Las guerras
habían terminado.
El Culto
había desaparecido.
Todo había
vuelto a su lugar.
Y sin
embargo…
Algo no
encajaba.
El viento
comenzó a soplar con fuerza.
Las
antorchas se apagaron una a una.
El cielo se
cubrió de nubes oscuras.
Y entonces…
Una luz
descendió desde las alturas.
Los dioses
habían llegado.
Un trueno
resonó en el cielo.
Una figura
apareció entre la luz.
Zeus.
El rey de
los dioses.
Su voz sonó
como un eco eterno.
—Rey Potro…
—Has
protegido Grecia.
Otra figura
apareció a su lado.
Atenea.
—Has
cambiado el destino de los hombres.
Rey Potro
permaneció en silencio.
Zeus
continuó:
—Pero este
mundo…
—No debería
existir así.
Rey Potro
levantó la mirada.
— ¿Qué
significa eso?
Atenea
respondió:
—Alguien
alteró el curso del tiempo.
Zeus
pronunció entonces un nombre:
—Donald
Trump.
El viento se
detuvo.
Rey Potro
sintió un escalofrío.
Recordó
algo.
Trump había
sido quien lo envió a la misión.
Quien habló
de los alienígenas.
Quien sabía
demasiado.
Zeus habló
de nuevo:
—Busca la
verdad.
—Fuera de
Grecia.
La luz
desapareció.
Los dioses
se habían ido.
Pero Rey
Potro ya sabía qué hacer.
Al amanecer,
Rey Potro regresó a la colina donde tantas veces se había reunido con sus
aliados.
Uno por uno
fueron llegando.
Primero Kassandra.
Después Odiseo.
Después Pericles.
Todos sabían
que algo ocurría.
Rey Potro habló
con calma.
—Debo
marcharme.
Ulises
asintió lentamente.
—Los héroes
nunca se quedan quietos.
Pericles
dijo:
—Grecia
siempre será tu hogar.
Kassandra
permanecía en silencio.
Mirándolo.
Sin apartar
la vista.
Rey Potro se
despidió de todos.
Uno por uno.
Como
hermanos de batalla.
Cuando todos
se marcharon…
Solo quedó
Kassandra.
El viento
movía suavemente su cabello.
Se acercó
lentamente.
—Sabía que
te irías.
Rey Potro
respondió:
—Siempre lo
supiste todo.
Kassandra
sonrió.
—No todo.
Entonces
sacó un objeto envuelto en tela.
Se lo
entregó.
Rey Potro lo
abrió lentamente.
Era la
reliquia que el Culto había buscado durante años.
La lanza
rota de Leónidas I.
Una pieza
antigua.
Sagrada.
Llena de
historia.
Llena de
poder.
—Esta lanza
perteneció a Leónidas —dijo Kassandra.
—El Culto la
buscaba porque contiene un poder antiguo.
Rey Potro la
sostuvo.
Sintió una
energía recorrer su brazo.
Como si
todas las batallas de Grecia vivieran dentro de ella.
Kassandra
habló suavemente:
—Ahora te
pertenece.
Y entonces…
Sin avisar…
Lo besó.
Un beso cortó.
Sincero.
Eterno.
Después dio
un paso atrás.
—Por si no
vuelves.
Rey Potro
sonrió levemente.
—Volveré.
El barco
partió al amanecer.
Grecia
quedaba atrás.
Templos.
Montañas.
Ciudades.
Amigos.
Batallas.
Todo
desaparecía lentamente en el horizonte.
Rey Potro
observaba en silencio.
Con la lanza
de Leónidas a su lado.
Sabía dónde
debía ir.
Sabía a
quién debía ver.
El siguiente
destino estaba claro.
Casa Blanca.
Porque si
alguien estaba detrás de todo…
Era Donald
Trump.
Y Rey Potro
07…
Iba a
hacerle una visita.



Comentarios
Publicar un comentario