El barco
llegó lentamente a las costas de Cefalonia.
El sol nacía
sobre las montañas y los acantilados.
Kassandra
permanecía en silencio.
Aquel era su
hogar.
El lugar
donde todo había empezado.
Y el lugar
donde todo terminaría.
Rey Potro
caminaba junto a ella.
Sabía que
aquella batalla no sería como las anteriores.
No sería
contra un monstruo.
Ni contra un
ejército.
Sería contra
un hombre.
El hombre
que dirigía el Culto de Kosmos.
El hermano
de Kassandra.
Siguiendo
las pistas de los pergaminos robados, llegaron a un antiguo templo en ruinas.
Columnas
caídas.
Estatuas
rotas.
Antorchas
encendidas.
El Culto
seguía activo.
Guardias
patrullaban la zona.
Rey Potro y
Kassandra avanzaron en silencio.
Como
auténticos mistios.
El primer
guardia cayó sin hacer ruido.
El segundo
fue derribado por Rey Potro.
Avanzaron
hasta la cámara central.
Y entonces
apareció él.
Deimos.
Alto.
Imponente.
Con una
mirada fría.
—Sabía que
vendríais.
Kassandra
apretó los puños.
—Hermano…
Deimos
respondió:
—Yo no tengo
hermana.
—Solo
seguidores.
Deimos atacó
primero.
Su fuerza
era enorme.
Su espada
golpeó el suelo levantando polvo.
Rey Potro
bloqueó el ataque.
El impacto
lo hizo retroceder.
Era uno de
los rivales más fuertes que había enfrentado.
Kassandra
atacó desde un lado.
Deimos
esquivó.
La empujó
contra una columna.
Rey Potro
volvió a atacar.
Espada
contra espada.
Chispas
saltaron.
Deimos
gritó:
—¡Soy un
dios!
Rey Potro
respondió:
—No.
—Solo eres
un hombre.
El combate
continuó.
Rápido.
Violento.
Desesperado.
Finalmente
Rey Potro logró desarmarlo.
La espada de
Deimos cayó al suelo.
Kassandra se
acercó.
Tenía su
lanza lista.
Podía acabar
con él.
Pero no lo
hizo.
Kassandra se
arrodilló frente a él.
—Hermano…
—Esto no
eres tú.
Deimos
respiraba con dificultad.
Su mirada
empezó a cambiar.
—Yo…
—No
recuerdo…
Kassandra
habló suavemente.
—Eras un
niño.
—Jugábamos
juntos.
—Eras bueno.
Rey Potro
permanecía en silencio.
Sabía que
aquella batalla no era suya.
Era de
ellos.
Deimos cerró
los ojos.
Las palabras
parecían romper algo dentro de él.
Su voz ya no
sonaba arrogante.
—Me
engañaron…
—Me hicieron
creer que era un dios.
Kassandra
sonrió ligeramente.
—Pero eres
humano.
—Y eso
basta.
Deimos bajó
la cabeza.
El líder del
Culto había desaparecido.
Solo quedaba un hombre.
El sol
iluminaba el templo.
Los miembros
restantes del Culto habían huido.
Sin líder…
El Culto de
Kosmos había caído.
Deimos habló
con voz tranquila.
—Quiero
reparar lo que hice.
Kassandra respondió:
—Empieza
viviendo.
Rey Potro
miró el horizonte.
Grecia
estaba cambiando otra vez.
La guerra
aún continuaba.
Pero algo
importante había terminado.
El Culto
había caído.
Mientras
abandonaban Cefalonia, Rey Potro sintió algo extraño.
Como si su
misión estuviera llegando a su fin.
Los dioses
aún no habían hablado.
Pero sabía
que pronto lo harían.
Porque su
viaje por Grecia…
Estaba cerca
de terminar.



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